jueves, 13 de abril de 2017

13 de Abril Día del Maestro Ecuatoriano

13 de Abril
Día del Maestro Ecuatoriano


En reconocimiento a la extraordinaria labor de los maestros, en 1920 el presidente Alfredo Baquerizo Moreno decretó que el 13 de Abril de cada año se celebre el “Día del Maestro ecuatoriano”. Se escogió esta fecha en homenaje al ilustre escritor y educador Juan María Montalvo Fiallos que nació el 13 de abril de 1832, en la ciudad de Ambato (centro andino).

La vida y la obra de Juan Montalvo eran y siguen siendo enseñanzas magistrales por su valor moral y ético. Como forjador de juventudes, Juan Montalvo conocía la necesidad ineludible de inculcar en los jóvenes los valores de la justicia, la libertad, el honor, el amor a la Patria.

Juan Montalvo fue el maestro del estilo, el gran batallador contra las tiranías, el apóstol de la libertad, el santo de la rebeldía.

En el Día del Maestro, también se recuerda a destacados hombres de letras, como: Luis Felipe Borja Pérez (fallecimiento), monseñor Federico González Suárez (nacimiento), y otros tantos ilustres docentes, como: Francisco Febres Cordero y Muñoz (hermano Miguel), Pío Jaramillo Alvarado y Víctor Manuel Peñaherrera Espinel, entre otros.

En esta fecha se rinde un justo y merecido homenaje de respeto y gratitud a aquellos hombres y mujeres que tienen la singular capacidad para ser los conductores de la niñez y la juventud. Es un reconocimiento a la dedicación de toda una vida al cultivo de las almas infantiles y juveniles. ¿Quién no recuerda con cariño a sus maestros?

Desde las épocas más remotas, la educación ha sido considerada en todas las sociedades como una luz que se enciende contra la ignorancia, como un motor de progreso, como un modelador de la sociedad.

La labor del maestro en todas las sociedades en fundamental para el desarrollo de los pueblos.

Una sociedad bien educada y formada está en capacidad de alcanzar el buen vivir. 

El Maestro es el hombre y ciudadano henchido de virtudes y valores para servir a la sociedad, es la base fundamental del desarrollo intelectual, moral y ético, ejemplo de responsabilidad, contribuye al progreso denodado del país mediante el trabajo en el aula y en la comunidad, compartiendo desinteresadamente sus pensamientos, ideales, rol, competencia, función como verdadero trabajador de la educación.

Es deber del país, de los gobernantes, exaltar la memoria de los ciudadanos que han dirigido a la niñez, a la juventud y han honrado a la nación; es deber de los gobernantes mejorar el nivel de vida de estos soldados de la patria, es deber de los ecuatorianos reconocer al profesorado o educadores de la nación su trabajo sacrificado y silencioso puesto al servicio de las generaciones, porque los jóvenes son la fuerza y los niños el sueño feliz de la República.

La interrogante es: ¿por quiénes aprendieron a leer, a escribir y los buenos valores el presidente de la República, los asambleístas, gobernadores, prefectos, alcaldes, entre otros? La respuesta es muy obvia: por el maestro/a.

El 13 de Abril, es una fecha que encierra en el alma de los maestros ecuatorianos alegría, junto al sentimiento de su noble misión; en su mente hay recuerdos e intuiciones que reviven un pasado lleno de vicisitudes o sinsabores, de sufrimientos o álgidos días que junto al aula los pasó como un vía-crucis; pero la inocente alegría y sonrisa de los niños, cuyas almas blancas sienten ese duro bregar de sus Maestros le alienta y conforta con el bálsamo de la esperanza, del deber cumplido, que surge de la idea de ese apóstol incansable de la educación, que es el docente; piensa para sí: en mis manos está el porvenir del niño y del joven, que son la promesa de la patria y de las instituciones.

El Magisterio Ecuatoriano es fuerza impulsora del progreso, semilla de inquietudes, paradigma de lucha por la salvación de la patria; sus Maestros son los soldados de las ciencias y las letras; su fusil es la tiza, su campo de batalla el pizarrón.

Los maestros son los dominadores de la ignorancia cruel.

Hoy como ayer, el Ecuador necesita de maestros, no solamente para dar instrucción, sino especialmente, para formar el alma de adolescentes y jóvenes, para salvar la democracia y la dignidad de la Patria, para preparar hombres de alma limpia y clara y de voluntad poderosa, que sean capaces de defender lo que hoy el Ecuador ha alcanzado: dignidad física y moral.

Ser maestro no es un trabajo fácil, se necesitan mucho esfuerzo, dedicación, compromiso y responsabilidad para poder educar. Para lograrlo se necesita además de la ayuda de los maestros, la de los papás y los mismos estudiantes. Cada maestro, urbano o rural; de enseñanza básica, media o superior enfrenta con humanismo la tarea que a sí mismo se ha impuesto y que la nación le ha encomendado.

Al referirse a un maestro las palabras están de más, sólo basta recordar aquellas jornada vividas en un salón de clases junto a los compañeros, el deseo de aprender y sobre todo la guía de aquellas personas que desinteresadamente se abren como un libro para compartir sus conocimientos, ellos son los maestros.

La historia evidencia el compromiso de los educadores quienes han luchado por ser reconocidos enseñando con la idea de aportar siempre con mejores ciudadanos a la sociedad. Como dijo el célebre Juan Montalvo: "En todos los pueblos del mundo hay una mano que enciende la antorcha de la cultura, esa es la del maestro".